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Sociología / Política | 10 mayo 2021
Mitos y mentadas

WASHINGTON D.C. La palabra desigualdad tiene matices muy negativos, en muchos casos asociados a acciones deliberadas de parte de los gobiernos. Aún cuando en muchas ocasiones esto podría ser así, la desigualdad es también producto de condiciones sistémicas, históricas y estructurales en el mundo que van mucho más allá de un gobierno o una política económica. Lamentablemente, para muchas personas, la desigualdad inicia desde el nacimiento. No es lo mismo nacer en Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Australia o Nueva Zelanda que nacer en Honduras, Yemen o Mozambique. Tampoco es lo mismo nacer en un país democrático que en un país donde existe una dictadura disfrazada como democracia o una dictadura real y aceptada. Tampoco es igual nacer con una nacionalidad que nacer o convertirse por razones políticas en un ciudadano sin país, apátrida, de los que actualmente hay más de 4.2 millones en el mundo. Es aquí donde empieza la verdadera desigualdad, que condicionará toda la vida de una persona, desde la posibilidad de tener acceso a la educación, hasta el acceso a salud, como estamos presenciando a diario con el manejo de los embistes de la pandemia en los países más débiles. Sin embargo, el discurso sigue centrándose en la desigualdad económica y del coeficiente de Gini.

Hay temas más importantes, como no tener certeza donde se puede vivir tranquilamente, aunque sea pobre. No se trata únicamente de la igualdad económica de la totalidad de la población. Como he mencionado en otros artículos, lo que se vende en los periódicos es que cuando se alcance la igualdad económica se acabaran todos los problemas. Los políticos y periodistas venden diciendo que tal o cual país es el menos desigual del mundo, ¿eso qué significa? Cuba tiene más igualdad económica que los Estados Unidos y México, pero no vemos muchos estadounidenses o mexicanos emigrando hacia allá, o a Venezuela o Bolivia. Una mayor igualdad económica no necesariamente es lo que la mayoría de la gente busca, sino más oportunidades y seguridad. Como expliqué en mi columna anterior, la migración no se da por desigualdad absoluta dentro de un país, sino por la desigualdad relativa entre países. No se da únicamente por la desigualdad económica sino por el conjunto de desigualdades.

Desigualdad al acceso a vacunas, desigualdad militar, desigualdad jurídica, desigualdad geográfica, desigualdad en el consumo, desigualdad educativa, desigualdad física, desigualdad tecnológica, desigualdad de acceso al crédito, desigualdad del idioma. Estas son solo algunos tipos de desigualdad que no están necesariamente vinculados a la desigualdad del ingreso dentro de un país.

En Estados Unidos la desigualdad económica está creciendo rápidamente, sin embargo, la inmigración hacia los EU también. Por el contrario, las personas que viven en EU no se quieren ir a países donde existe menor desigualdad económica. ¿Por qué será? Un ejemplo adicional, Costa Rica y Chile son de los países con mayor desigualdad económica en la OCDE. Sin embargo, los ciudadanos de estos países no les interesa migrar, más bien son receptores de inmigración.

Las palabras son importantes y lo que medimos es una expresión de lo que nos importa. Si continuamos poniendo al acento únicamente a la desigualdad económica y no atendemos las causas estructurales que en muchas ocasiones ocasionan esta desigualdad, no se podrá resolver nunca el problema, no propiamente el de la desigualdad, pero sí el de la baja calidad de vida y la condición de pobreza de millones de personas en el mundo, muchos de los cuales están condenados a una vida más difícil desde su nacimiento.

Twitter: @JaqueRogozinski

Artículo también publicado en:

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/jacques-rogozinski/2021/05/10/desigualdad-y-migracion/


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